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Jennyfer Mesa: Construyendo solidaridad para los inmigrantes a través de la ayuda mutua comunitaria
Este fin de semana, me embarqué en un viaje personal para viajar en bicicleta de Seattle a Portland, recorriendo 200 millas en dos días. Durante las últimas semanas, me he sentido estresada y deseando tiempo a solas para reflexionar y meditar. Mi bicicleta es mi medicina; es un lugar donde puedo escapar del mundo y encontrar sanación. Los movimientos rítmicos/bilaterales me ayudan a procesar mis pensamientos, emociones y suavizar mi PTSD. Sentí un llamado a pausar todo y emprender este viaje. Lo que descubrí fue que mi llamado a viajar en bicicleta también era un llamado a compartir mi experiencia y formas de construir solidaridad.
Al principio, pensé que era un riesgo registrarme para viajar sola, pero al llegar, me encontré entre 6,000 ciclistas. Sentí como si me hubiera unido a otros que compartían el mismo llamado. Cada ciclista tenía sus propias motivaciones y objetivos, pero formábamos una gran comunidad, una caravana. También era la primera vez que montaba en un grupo grande y me preocupaba ser demasiado lento o estorbar a la gente. Tan pronto como comenzamos a pedalear, tomamos el movimiento para andar como uno solo. Se sentía como si estuviéramos volando, como si estuviéramos reuniéndonos. Nos pusimos en formación, creando grupos y patrones para montar y migrar juntos. Hicimos espacio entre uno y otro, asegurándonos de no apretar mientras permanecíamos cerca para alentarnos mutuamente. No había plan ni agenda; naturalmente, compartimos responsabilidades y nos mantuvimos a salvo mientras nos aventurábamos en áreas rurales y aisladas. Aunque éramos extraños, en este viaje estabanos juntos, colaborando en nuestra humanidad compartida, interconectados y en movimiento.
Cuando entramos en los pueblos de la larga ruta, fuimos recibidos con porras y mensajes alentadores por parte de la gente local. En lugar de percibirnos como una amenaza, nos invitaron a entrar. La gente compartió su comida, los vecindarios instalaron estaciones de agua para mantenernos hidratados durante el viaje y algunos ofrecieron pan y postres. Ser testigo de esta ayuda mutua compartida fue hermoso. Me enseñó en un mundo polarizado, las comunidades y los individuos poseemos una gran capacidad para cuidarnos. Esta solidaridad compartida revela el mejor lado de nuestra humanidad y lo que podemos crear a través del amor.
Como inmigrante latina, no pude evitar pensar que 6000 ciclistas representaban una ciudad en movimiento, casi equivalente a la caravana de 2018. Me hizo preguntarme por qué merecíamos atención mientras que otros no. ¿Por qué es legal que estas familias y voluntarios nos brinden agua en nuestro viaje, pero es ilegal que otros ofrezcan agua a los migrantes deshidratados? ¿Por qué no nos encontraron con el miedo o la hostilidad que los inmigrantes que huyen del peligro enfrentan todos los días en su viaje hacia la seguridad? Compartimos las mismas características que las caravanas de migrantes, personas que se mueven juntas y se mantienen seguras en su viaje. Esta semana, aprendimos que el gobernador Abbott asignó que tropas de Texas les negara agua a inmigrantes, empujaran a niños de regreso al Río Grande e instalaron barreras de agua para evitar que los inmigrantes crucen, exponiéndolos a mas riesgo de ahogarse. Durante el viaje de Seattle a Portland, había niños que viajaban con sus padres. ¿Cómo es que ellos son percibidos como buenos padres, mientras que los migrantes son etiquetados como malos padres por traer a sus hijos? Sé que estas leyes y sentimientos antiinmigrantes no se alinean con lo que realmente somos en nuestros corazones.
Como organizadora comunitaria, constantemente soy testigo de la existencia de estos dos mundos paralelos. Sé que tenemos la capacidad de crear un mundo mejor para nosotros que incluye anuestros vecinos. No necesitamos operar con miedo a los demás o en mentalidad de escasez. Nuestro país y nuestras ciudades tienen amplios recursos para compartir. Podemos establecer comunidades que ofrecen sentido de pertenencia y brindan inclusividad.
Hoy les pregunto: ¿Cómo podemos extender esta ayuda mutua más allá de estas carreras, desfiles, festivales de música y otros eventos?. He sido testigo de esto durante el viaje de Seattle a Portland, Bloomsday en Spokane e incluso en Burning Man, donde la gente construye una ciudad temporal para vivir el arte y el placer. ¿Por qué tiene que terminar el amor y la ayuda mutua en la línea de meta? ¿Cómo podemos cargar esta misma energía a nuestras comunidades? Imagínese lo hermoso que sería si recibiéramos a los inmigrantes con la misma calidez y amor en lugar de barreras peligrosas y odio. Este fin de semana aprendí que tenemos la capacidad de construir un mundo de apoyo y amor, y también podemos ser las personas que pueden vivir juntas en ese mundo.
Jennyfer Mesa es directora ejecutiva y fundadora de Latinos En Spokane.